domingo, 8 de junio de 2008

  Todos somos un poco putillos
Hace unos días un amigo me criticaba por haber realizado un análisis patrocinado en uno de mis blogs: "no estoy a favor de este tipo de patrocinios donde uno habla de quien le paga y no de quien él quiere o lo merece".

Es arriesgado analizar la honestidad del prójimo pues la linea de la integridad personal es muy difusa: ¿Quién es más honesto el que escribe una vez un análisis para otro, o el que tiene un blog sobre el que se comentan continuamente negocios que seguramente en la mayor parte de los casos no le interesen lo más mínimo pero se realiza con el objetivo de generar una buena afluencia de visitantes y con ello ingresos publicitarios? ¿Y si además no lo haces directamente tú si no que contratas a otro para que lo haga, considerarás a tus colaboradores como deshonestos? ¿Y eres por lo tanto un chulo-putas por incitar a la gente a escribir no sobre lo que pudiera interesarle más si no de lo que interesa a los demás?

Ser deshonesto con uno mismo es realmente hacer, o no hacer, cosas que realmente nos sitúan lejos de los propios principios. Y si bien creo que no fui deshonesto cuando escribí el mencionado enlace patrocinado, esta mañana he tenido una experiencia que si me ha situado en la otra línea de la integridad. Paseando por Sevilla, al pasar por un Bazar de 20 duros regentado por una pareja de jóvenes asiáticos, un tipejo increpaba a los comerciantes que le intentaban retener por haber robado objetos de la tienda. La china, una chica de unos veinte años, delgada y con escasa fuerza, pero con dos ovarios como huevos de avestruz, retenía al pinta por el cinturón, para que le devolviera los objetos sustraídos. El individuo, poco a poco fue dejando su faceta de víctima de un error, para delatarse, mostrando su ira embriagada, amenazando violentamente a la chica, mientras que el chico una cuarta parte del ladrón, le increpaba sin ninguna eficacia. Llamé en numerosos casos al 091, sin resultado.... Un familiar que venía conmigo si lo consiguió y aunque con un retraso de unos 20 minutos, que sin duda podrían haber sido fatídicos, finalmente se llegaron los maderos. Previamente, nuestra presencia de alguna forma intimidaría al individuo a la hora de utilizar más violencia pero fue otro señor que pasaba, latinoamericano, quien se atrevió a agarrarlo por detrás y parar al cabestro, que a pesar de ello, atizó un par de guantazos a los asiáticos. El latino, aunque bastante más fuerte que el tío-mierda, también recibió algo. No obstante salvó el pellejo a los asiáticos.

Es la segunda vez que he presenciado actos de este tipo y en contra de mis principios no he actuado más allá de llamar a la policía, que en este caso y dada su ineficacia, me parece bastante poco. Esto si es traicionar mi honestidad conmigo, y sentirme un mierdín.

Por cierto, a los cinco minutos después llegar la policía el tío mierda paso tranquilamente al lado nuestra y esbozo una perfida sonrisa.

Y venderse...., venderse es otra cosa...por ejemplo aparecer en anuncios sin aportar nada de ti más que tu propia imagen...¡¡¡Enjuto Puto!!!

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Comentarios:
mierdín mierdín

por los pelos... salvado por la campana

menudos huevos que tienes, por cierto... llamar a la policía y dejarte unos euros en ello

tienes dos cojones, sin duda
 
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