jueves, 27 de noviembre de 2008

  Me declaro liberal
Bueno, quizás alguno, que de vez en cuando tiene la inconmensurable paciencia de leerme ya lo habrá notado un poquillo.

Soy un liberal,...,

Bueno no me refiero a eso de ir por ahí... ¡alé! ¡la vida alegre!

Me refiero a que no me gusta que los distintos poderes públicos anden por aquí metiendo sus peludos bigotes en nuestras vidas.

Esto que hasta hace meses era casi una religión en el mundo occidental, y que nos ha llevado a los máximos niveles de progreso y bienestar, hoy empieza a cuestionarse, y con motivos. Las empresas, en especial las grandes empresas, se han colado. Dirigidas por ejecutivos con una visión tan cortoplacista como los plazos de sus expectativas de ascensos profesionales, se han olvidado, o han mirado para otro lado, respecto a los riesgos que podrían dejar en esa carrera de velocidad, y no de fondo.

Todo iba bien hasta que el primero patinó (llamémosle por ejemplo Lehman), y tras él empezaron a caer otros muchos, al tropezarse con el gigante, o simplemente por que ya iban bastante a trompicones.

Esta imagen, de grandes empresas desmoronadas, ha dado pie a que aparezcan, de entre las sombras los grandes salvadores, los poderes públicos. Inmediatamente se han puesto su disfraz de Gran Héroe Americano, y nada, a lanzar esos rayos mágicos de millones de euros o dólares.

Y todo viene a colación por dos declaraciones que me han alterado en nuestra reciente política. Una de hoy y otra de ayer.

Ayer Fernández de la Vega, a la que no meto en las Zorras de Morito por temor a represalias sobre mi persona (que esta gente no entienden ni de Internet ni de anticanones, ni nada), soltó un genial grito de guerra, enmendando la plana al melancólico Adam Smith: "La mano invisible del mercado necesita la mano visible del Estado".

Y ya me temía lo que podría venir después.

Hoy, se cumplen el peor de mis augurios: 11.000 millones para generar empleo a través de las administraciones locales. Para mi esto significa: 11.000 millones en despilfarro, ineficiencia, enchufismo, privilegios...

Entiendo que las administraciones locales están peladas: ya no trincan de las constructoras. Pero por favor,..., no nos vendáis estas medidas como una solución para la crisis.
Qué yo tampoco soy tonto.

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