domingo, 30 de mayo de 2010

  El minorista no puede ganar en la bolsa
Hemos vivido un mes realmente impresionante en relación a sucesos económicos, que creo que pasará a los libros de la historia.

Todos los días he seguido cogiendo el metro, y la mayoría de la gente que me acompaña en ese viaje de las 7,50 de la mañana, lo sigue cogiendo. Para la mayoría no han cambiado sus vidas, aunque una buena parte de ellos sabe que cobrará menos sueldo a partir de junio, sin enteder la mayoría muy bien por qué.

Todo parece haberse precipitado este mes, en el que sucesos como la extraña mayor caída de la bolsa norteamericana intradía del 6 de mayo, o la máxima subida histórica del Ibex intradía sólo 4 jornadas después, y tras estos algunos gobiernos, como en nuestro, daban un giro de 180 grados a sus políticas económicas. Han sido como flashes que han mostrado, de forma centelleante, esas sombras chinescas que en la oscuridad mueven los hilos de la economía.

En esos fogonazos se han visto a los grandes capitales económicos moviendo el mundo con sus apuestas. Dicen en Cárpatos que la bolsa ya no es el mercado del 85, sino "un casino con las cartas marcadas" (vía Puta Bolsa). También se veían a bancos centrales comprando deuda soberana, ¿trantando de evitar un colapso financiero?

Lo que ha quedado claro este mes de mayo es el suicidio que puede ser para un minorista inexperto meterse a jugar en este mundo. Es como meterse en medio de un océano en temporal, con las fuerzas de las tormentas perfectas (también llamadas grandes capitales y edge funds) azotándote con todas sus fuerzas sin el menos escrúpulo y con el único objetivo de sacarte tus cuatro duros.

El símil de Cárpatos me parece excelente: bolsa parece desde hace años un juego como el Póker, en el que unos pocos ganan mucho a cambio de que muchos pierdan, las cartas están marcadas, o más bien al minorista tiene toda las bazas para recibir las cartas perdedoras. Aunque a mi, me parece más bien una apuesta en una carreras de caballos o una quiniela. Hay algo detrás de estado físico y de técnica de los participantes, no es simple especulación caprichosa.

Os dejo un gráfico con la evolución del Ibex desde principios del 2.000. Más de diez años después un inversor que entró en este índice a principios del 2000, estaría perdiendo pasta (y no digamos nada en términos reales, descontando la inflación). Es decir, que si la bolsa refleja el valor de las empresas, estas valen hoy menos que hace diez años. ¿Casino o la dura realidad?

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Comentarios:
Haberlo dicho antes!!!

Coño!
 
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