viernes, 2 de julio de 2010

  Agua y márketing
El agua,..., ¡qué tema! La bebes, y si no hay, pues no te la puedes beber, pero no pasa nada, te pillas una cervecita fresquita, con unos altramuces (chochitos em mi pueblo), y "que le den" al agua de los cojones.

No obstante, a la gente le da por tomar agua, y, lo peor, a veces embotellada, haciendo mal al mundo como podéis leer en el post de Planta 29, que me ha saltado la temática (y video). Y últimamente incluso está dispuesto a pagar mucho por ella. Por que además del comodón que no repara en llevar agua de casa y la compra en cualquier lado llenando el mundo de plastiquillos, está el snob, que ahora le ha dado por beber aguas rarejas (al final H2O) y que está ayudando a la proliferación del márketing acuático, que para mi en España tiene su depegue vertical hace unos 5 años con la famosa botella azul de Solán de Cabras.

Hace unos cuatro meses tomé, asombrado, esta foto de la selección de aguas en una tienda de la Cadena
Vips:


Había más marcas de agua que de cualquier otra bebida o alimento (puede que con un espacio similar en la tienda a la selección de vinos). Una diversificación que más allá del embotellado es dificilmente apreciable, dado que según la tradición de pensamiento el agua es inodora, incolora e insípida. ¿Entonces, en qué se basa esta oferta? En mi humilde opinión en satisfacer al target de los consumistas de diseño, culmen de la sociedad de consumo. Un cliente que quiere probar todo, y que es ultrasensible al "packagin". Los mismos que gustan de almorzar dos suspiros, en platos dibujados por cocineros-pintores.

Así la gente está dispuesta a pagar 12 euros por la botella de Elsenham, cuyo gracejo reside en que la botella está diseñada por la misma empresa que diseña los perfumes de Chanel (quizás este agua de diseño es la continuación de negocio de esa otra mina de oro y diamantes que es la industria del perfume). O pagar 10 euros por una botella de 'Cloud Juice' que "encierra 9.750 gotas de agua pura de lluvia de Tasmania en Australia, aterciopelada en boca y de sabor algo almendrado" (Vía Elmundo.es).

Todo muy snob, pero hasta un tipo rudo y bastorrón como yo caeríamos en la curiosidad de desembolsar 4,5 euros para probar un agua como por ejemplo la Chateldon que ya era agua preferida por el Rey Francés Luis XIV. Dicen que ya en el siglo XVII, este agua bicarbonatado-cálcica, con gas natural, "se destinaba, con carácter exclusivo, al abastecimiento de Versalles; a dicho efecto, Luis XIV creó un destacamento especial, los denominados officers du gobelet a cheval, que transportaban la preciada agua a la Corte. En recuerdo, las botellas llevan el símbolo del Rey Sol". Al parecer, este agua carbonatada, ayudaba a las complejas digestiones que sucedían a las copiossas comidas. Por cuatro euretes y medio y mucha imaginación (que es lo que más funciona en estas cosas) te sitúas mentalmente en la corte varsellesa y te tiras un eruptito al estilo del gran monarca francés. Y es que todos tenemos nuestro punto de inflexión o genuflexión ante las manipuladoras estrategias del márketing (esta última frase dedicada al Sr. Summers por sus nuevas funciones profesionales). Amén.

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