martes, 22 de febrero de 2011

  Educación Espartana

Antes de empezar a leer este post, por favor pulsa el vídeo y deja las imágenes y la música de fondo. Así nos vamos asegurando que merezcan algo la pena estos dos minutos, aunque mis cinco párrafos no se merezcan otro destino que la papelera de reciclaje.


Nada más al nacer, el niño espartano era examinado por una comisión de ancianos en el Pórtico, para determinar si era sano y bien formado. En caso contrario se le consideraba una boca inútil y una carga para la ciudad. En consecuencia, se le conducía al Apótetas, lugar de abandono, al pie del monte Taigeto, donde se le arrojaba a un barranco.

A los siete años o los cinco, se arrancaba a los niños de su entorno familiar y pasaban a vivir en grupo, bajo el control de un magistrado especial, en condiciones paramilitares. A partir de entonces, y hasta los veinte años, la educación se caracterizaba por su extrema dureza, encaminada a crear soldados obedientes, eficaces y apegados al bien de la ciudad, más que a su propio bienestar o a su gloria personal (Wikipedia – Educación Espartana)

Nosotros nos hemos educado en un modelo bien distinto: el modelo educativo del “ajó” que parte en el momento del alumbramiento y llega hasta los 23 años, con bibi y chupete hasta que los huevos no se ven de negros.

Los padres reciben curso de preparación antiespartano al parto, que nos abre el camino al resort. Hemos crecido entre los algodones del sistema educativo cada vez menos exigente. Luego hemos sacralizado la juventud, a la que todo se le permite, a la que nadie puede soplarle. Después acunados en el estado de bienestar. En una legislación que nos brinda derecho y pocas obligaciones y penas. Hemos adorado las luces cortas. Y el pelotazo.

Pero siempre llega el momento del hachazo ateniense, y el primer cosqui ya nos deja hundidos, sin capacidad de respuesta. Nadie nos enseñó a estar preparados ante la adversidad, a saber cosernos las heridas con nuestra propia mano, como lo hacía el gran John Rambo. Nadie nos preparó para aguantar las leches de pié, como Jake LaMotta contra Sugar Ray, y a pedir otra más después de recibir la primera, con la certeza de que esa segunda tampoco nos tumbaría. Nadie nos explicó que la juventud es un soplo y que antes de que te des cuenta vas a pasear cada día por el precipicio de Apótetas, y con los ojos tapados. Nadie nos dijo que lo de nuestros derechos, incluso los constitucionales, eran mentira, y que la realidad es que ninguna ley te asegura una vivienda digna...ni tampoco un trabajo.

Ahora vienen época de mandobles a porrillo, y estamos noqueados. Pero no intentamos levantarnos. Mejor vivamos otra vida, una vida ficticia, artificial, onanista.…, y así creamos la sociedad más drogata de occidente, una sociedad somnoliente por los opiáceos, que no se mueve ni aunque el agua le llegue al cuello y tan egoista que tampoco se va a mover ni si ve a su hermano ya ahogandose.

No recibimos el cursillo de supervivencia en la batalla, ni podemos comernos un burro podrido si hace falta. Mejor con el primer cosqui, nos tiramos al suelo, echamos a llorar y pedimos al árbitro que ni se moleste en contar hasta diez para declarar el KO.

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Comentarios:
Estoy de acuerdo que viene OTRA era dónde habrá que espabilar y que muchos siguen/seguimos en el guindo.

Sin embargo te digo que cuando a una persona le llega el agua al cuello ten por seguro que hará lo indecible por sobrevivir. El tema es que el agua todavía nos llega por la cintura.
 
Totalmente de acuerdo contigo y (sin que sirva de precedente ;) con Wilson en su comentario.. la pena es que nos creemos que estamos mejor preparados que nunca...
 
Estamos mal preparados, sobre todo fuera de las grandes capitales, en las q aun hay algo de cultura de la preparación continua y el estar al día
 
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